Valle Encantado
Valle Encantado: rocas con formas curiosas para una parada junto al Limay
Sobre la Ruta 237, en el límite entre Neuquén y Río Negro, un paisaje de paredones volcánicos y miradores naturales invita a hacer un alto en el viaje hacia la cordillera.
Quien viaja desde la Confluencia hacia la cordillera tiene, a la vera del río Limay, una parada que vale la pena sumar al itinerario: el Valle Encantado. Está sobre la Ruta Nacional 237, en el límite entre Neuquén y Río Negro, y su atractivo son unas rocas enormes que, según desde dónde se las mire, recuerdan figuras humanas, animales o hasta construcciones.
Un paisaje trabajado por millones de años
Las formaciones tienen origen volcánico. Con el correr de millones de años, el agua, el viento y los cambios del clima fueron desgastando la piedra hasta dejar las siluetas que hoy se ven desde el camino. Entre las más conocidas están el Dedo de Dios y El Centinela, que funcionan como referencias del lugar y despiertan la curiosidad de los viajeros.
El Limay completa la escena. Sus aguas, que marcan la frontera natural entre las dos provincias, serpentean entre montañas, paredones y vegetación de estepa. El resultado es un paisaje que va cambiando a medida que se avanza.
Caminatas y miradores naturales
El valle no se agota en lo que se ve desde la ruta. En los alrededores hay recorridos a pie que se acercan a las estructuras de piedra y otros que suben a puntos elevados, desde donde se obtienen vistas panorámicas del río y de los paredones. Por eso también resulta un lugar atractivo para quienes disfrutan de la fotografía y de contemplar el paisaje.
Algunos tramos tienen pendientes pronunciadas y piedra suelta, de modo que la dificultad varía según el sendero. Para salir a caminar con tranquilidad, conviene tener en cuenta algunas recomendaciones:
- Consultar de antemano las condiciones de acceso y las características del recorrido.
- Usar calzado apropiado.
- Llevar suficiente agua.
- No internarse en sectores desconocidos sin información, ya que algunos senderos no tienen señalización.
También se aconseja detenerse en lugares seguros y habilitados al costado de la ruta, para disfrutar de las vistas con más tranquilidad.
Un alto en el camino a la cordillera
La Ruta 237 es uno de los principales corredores que conectan el Alto Valle y la ciudad de Neuquén con destinos como Villa La Angostura y San Carlos de Bariloche. En ese trayecto, el Valle Encantado se suma como una oportunidad para conocer otra cara de la geografía patagónica, distinta de los lagos y bosques por los que la región es famosa.
Con tiempo, buen calzado y agua en la mochila, la parada permite ir encontrando nuevas figuras en la piedra con solo cambiar de perspectiva.
Para organizar el viaje: alojamientos, paseos y servicios de Neuquén en InterPatagonia.
Fuentes: Diario Río Negro, La Angostura Digital, Neuquén Informa (Gobierno de Neuquén).


